Deep Dives

El poder de (des)informar: un viaje a lomos del vespertilio homo

01/enero/2022 por Marta Anducas Armengou
Ilustración del vespertilio homo publicada en The Sun (Wikimedia)
Marta Anducas

Marta Anducas Armengou

Coordinadora de Proyectos Europeos

Marta aprendió de ingeniería informática en la UPF de Barcelona, de participación en las comunidades andinas y amazónicas del Perú, y de creatividad en la propia búsqueda. En 2019, sus caminos confluyeron en la Fundación Platoniq, organización donde coinciden la creatividad, la democracia, la participación ciudadana y las nuevas tecnologías.

Desde que se descubrió que la información es un producto que proporciona suculentos beneficios, dejó de estar sujeta a los criterios tradicionales de la verdad y la mentira.
Ryszard Kapuscinski, Lapidarium IV

¿Sabías que a mediados del S. XIX, gracias a los grandes avances científicos logrados por el astrónomo sir John Herschel, se descubrió el vespertilio homo, un ser de pelo corto y brillante con unas alas compuestas de una membrana delgada y sin pelo que habita en la Luna?

La noticia, cuyo crédito se adjudicaba al Edinburgh Journal of Science, se hizo viral en 1835 al publicarse en el diario The Sun. La primicia generó una enorme conmoción popular, hizo aumentar considerablemente las ventas y ganancias del periódico, y se convirtió en la primera fake news de la historia contemporánea bautizada como La Gran Mentira de la Luna.

Pero, ¿cómo pudieron las personas de aquella época haberse tragado semejante bulo?

Aparte de la innovación tecnológica que supusieron los trenes, los barcos de vapor, las rotativas rápidas, los niños voceadores y los precios bajos, había un factor más que contribuyó a la expansión de la mentira de 1835: la credulidad de las masas en los nuevos medios.

Hace poco, la Luna ha sido la protagonista de otro bulo al hacerse viral el video de una luna gigante en el Polo Norte. Aunque el video fue creado y compartido en la cuenta TikTok de un artista de creación digital, algunas cuentas lo han compartido como si fuera un fenómeno real y la mentira ha conmocionado las redes sociales.

Diferentes bulos, la misma Luna; diferentes medios, la misma credulidad, ¿qué podemos aprender de los bulos históricos para combatir la desinformación?

En este artículo, miramos atrás para entender cómo ha evolucionado la producción, distribución y consumo de bulos. El pasado es una excelente fuente de aprendizaje si sabemos leerlo correctamente y, por ello, queremos incluir al personal bibliotecario como garante -ayer, hoy y siempre- del acceso a la información de calidad. Asimismo, ponemos también el foco en las personas jóvenes y el personal docente, protagonistas en el proceso de construcción de una ciudadanía activa con capacidad crítica.

¿Por qué creemos que esta cuestión es relevante?

La desinformación no es un fenómeno nuevo y la Historia está llena de falsedades: algunas han modificado el rumbo de los acontecimientos, otras han generado suculentos beneficios para unos pocos, otras han reforzado prejuicios y generado estados de ánimo colectivos, y muchas han provocado violencia.

La historia de la desinformación nos alerta del daño que este fenómeno puede acarrear en las múltiples dimensiones sociales, desde el sistema político y las relaciones internacionales hasta las políticas migratorias o climáticas, entre tantas otras. Recientemente, hemos podido comprobar su incidencia en el campo de la salud con la aparición del Covid-19, hasta el punto que la OMS tuvo que alertar de una infodemia o sobreabundancia de información superpuesta a la pandemia.

Como señala el Reuters Institute Digital News Report 2020, la desinformación es una amenaza en países donde el uso de redes sociales es alto y las instituciones tradicionales son débiles. En este sentido, un estudio propio ha analizado el contexto de la desinformación en el Estado español y la situación que revela es preocupante por diversos motivos, a destacar:

  1. La falta de credibilidad de la ciudadanía en las instituciones públicas y en los medios de comunicación;
  2. El aumento de personas que se informan a través de las redes sociales, y el aumento de bulos en dichas plataformas;
  3. La porosidad del público ante la desinformación, agudizada por la elevada (y tradicional) polarización política.

En este contexto, combatir la desinformación es urgente e imprescindible. Para ello, nos proponemos revisar el pasado y, desde la distancia, aprender de los bulos históricos para evitar que nos la vuelvan a colar.

Estado de la cuestión

El poder de (des)informar

Las editoriales de periódicos, radios y televisiones han monopolizado, desde la invención de la imprenta, el poder de informar. Bajo su mandato, o línea editorial, se decidía qué era noticiable y qué era necesario destacar, a quién se daba voz y a quién se mantenía al margen. En consecuencia, han sido también las responsables de la difusión de los bulos históricos, desde el vespertilio homo hasta la carta Zinóviev, entre muchísimos otros.

En la sociedad cibernética actual, el fenómeno de la desinformación se ha globalizado. Hoy en día quienes crean y difunden bulos pueden ser tanto personas con ciertos intereses ideológicos como personas con conocimientos de informática que buscan ganar algo de dinero. Asimismo, el nuevo marco digital ha provocado un gran incremento de remitentes, incorporando en el ciclo de distribución de información nuevos actores que pueden difundir contenidos sin contrastar.

Si, en 1835, alguien dudaba de la existencia del vespertilio homo “solo” tenía que esperar unos meses la llegada del Edinburgh Journal of Science para verificar la información, o para enterarse de que el periódico se había dejado de imprimir en 1833. Si, en 2021, alguien duda de la autenticidad del video de una luna gigante solo tiene que navegar unos minutos u horas por internet para verificar la información.

De la misma manera que el fenómeno de la desinformación se ha globalizado, también lo ha hecho la información. Actualmente, nos encontramos ante un cambio de paradigma en el que las personas hemos dejado de ser consumidoras pasivas de (des)información, a optar por un rol activo en el ciclo de producción, distribución y consumo de información. El poder de informar se ha distribuido.

Medios para la (des)información

A finales de 1938, Orson Wells dramatizó “La guerra de los mundos” en su programa de radio. Para mayor entretenimiento del público, el equipo productor (The Mercury Theatre) decidió adaptar la novela de H. G. Wells al medio radiofónico y utilizó un formato tipo noticiario para relatar la invasión extraterrestre. Aunque se avisó de la ficción, fueron muchas las personas que se creyeron la historia y entraron en pánico, o eso cuenta el mito.

Este suceso, que se repitió años más tarde en Radio Quito con un trágico final, es conocido por demostrar el poder de los medios de comunicación, ya sea por el pánico que causó el noticiario ficticio o por la magnificación que hicieron los medios sobre lo sucedido, creando el mito de la invasión transmedia.

La credulidad de las masas en los medios de comunicación emergentes otorga poder a quienes controlan dichos medios. En este contexto, la desinformación es una poderosa arma que permite crear realidades ficticias o exagerar determinados sucesos que impactan a la población y benefician, finalmente, los intereses de quienes controlan los medios.

A diferencia de los medios tradicionales, los nuevos medios de comunicación -además de haber incrementado el número y la diversidad de remitentes- presentan algunas características que favorecen una mayor tendencia a la desinformación:

  1. Las redes sociales recopilan y presentan noticias variopintas de todo tipo de medios, independientemente de la calidad o confiabilidad de la fuente original.
  2. Tanto en las redes sociales como en las aplicaciones de mensajería, muchas noticias se reciben a través de amistades, familiares o personas que seguimos, hecho que provoca una mayor predisposición a creer la información recibida.
  3. En las redes sociales, la popularidad de los contenidos se contabiliza a través de los “me gusta” o número de visualizaciones. A mayor recuento, más propensas son las personas de sintonizar con la historia, aunque (quizás) dicha popularidad haya sido inflada con el uso de robots en línea.

Si bien los bulos han sacado rédito de las características de los nuevos medios de comunicación, también encontramos propuestas que aprovechan dichas características para promover el conocimiento y la información. Por un lado, las organizaciones de fact-checking han utilizado las redes sociales para combatir la desinformación en línea e incentivar la participación. Por otro, Wikipedia ha aprovechado la redistribución de poder para crear un lugar de conocimiento abierto, colaborativo y distribuido, con una sólida base de referencias que sustenta el contenido, un sistema de trazabilidad histórica y páginas de diálogo abiertas para los temas controvertidos. En este modelo, la información ha dejado de ser una “verdad” única y unidireccional para convertirse en una experiencia y conocimiento compartido y distribuido.

Contenidos para la desinformación

La finalidad de la desinformación es y ha sido siempre engañar o manipular al público para lograr determinados objetivos interesados. Aunque encontramos bulos de diversas temáticas, los más abundantes han sido, tradicionalmente, los vinculados a la política, la migración y la ciencia. No obstante, los bulos se adaptan a los hechos y tendencias del momento y lo hemos podido comprobar en los últimos meses con la pandemia del coronavirus y el crecimiento exponencial de los bulos relacionados con la salud.

En el análisis histórico de la desinformación, hay que tener en cuenta que las evidencias pueden cambiar con el tiempo, dado que el conocimiento evoluciona de forma dinámica y en tiempo real. Un ejemplo reciente lo encontramos en el twitter de la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO), quien a finales de marzo de 2020 afirmaba que el Covid-19 no se transmitía por el aire:

Entonces, no todas las noticias históricas que han resultado ser falsas se han hecho con la intención de desinformar. En estos casos, tanto para evitar la confusión del público como para mantener la credibilidad de quién emitió la noticia, se hace necesario establecer un sistema que permita hacer seguimiento de las evidencias y noticias. Sin embargo, son pocas las plataformas que ofrecen esta característica. De nuevo, volvemos al modelo de Wikipedia, que presenta un sistema de trazabilidad histórica que permite retractarse y corregir verdades que, con el tiempo, dejaron de serlo.

A pesar de las críticas y de que Wikipedia no es una fuente fiable, los hechos recientes han mostrado cómo esta plataforma ha logrado mantener a raya la desinformación en tiempos de pandemia e infodemia, demostrando ser un modelo a tener en cuenta tanto en la promoción del conocimiento como en la lucha contra la desinformación.

Datos y desinformación

Un 67% de las personas encuestadas para el Digital News Report España 2021 se muestran preocupadas por la desinformación, siendo el estado español uno de los países analizados por el Reuters Institute donde mayor inquietud social existe por este fenómeno. El informe reporta, además, que hay más preocupación por la desinformación que circula a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea (50%) que por la que se difunde a través de canales informativos (11%). No obstante, seis de cada diez internautas de hasta 45 años (61%) utilizan las redes sociales como fuente informativa.

El Estudio de los factores condicionantes de la desinformación realizado por el Grupo de investigación INECO destaca que más de la mitad de la ciudadanía española presenta un grado relevante de vulnerabilidad ante la desinformación, y señala a las personas jóvenes como el grupo más vulnerable.

Por otro lado, las personas entrevistadas en nuestro estudio de referencia coinciden en que, aunque no se trabaja mucho la alfabetización mediática, hay un gran interés y demanda educativa en formación sobre desinformación tanto para estudiantes como para personal docente. Asimismo, destacan que es necesario dotar a las personas jóvenes de competencias para analizar críticamente la información.

¿Cómo abordamos la pregunta desde Platoniq?

Ante la desinformación, las expertas insisten en la necesidad de difundir manuales o códigos de buenas prácticas y consideran que la formación de la ciudadanía, la alfabetización mediática y digital, y la creación de conciencia crítica son las únicas formas de combatir la infodemia.

Desde Platoniq coincidimos totalmente en la necesidad de alfabetizar, crear ciudadanas críticas y reforzar los valores democráticos, con una especial mirada a las personas jóvenes quienes, además de no estar preparadas para lidiar con la avalancha de información que les llega digitalmente, son el presente y el futuro de la sociedad.

En este sentido, estamos embarcadas en el proyecto europeo SMILES en el que apostamos por la capacitación de personal docente y bibliotecario para que puedan desarrollar talleres contra la desinformación con estudiantes de secundaria. Queremos trabajar, además, junto con Wikipedia y Verificat para crear comunidad y poner en valor modelos de producción y verificación de la información desde una perspectiva crítica, compartida y distribuida.

Call to action

  • ¿Quieres reivindicar el papel de las bibliotecas como paraguas contra la desinformación y lugar de capacitación de usuarias críticas?
  • ¿Te imaginas crear una atmósfera similar a la que ingenió Orson Wells para hablar sobre la desinformación con tus estudiantes y potenciar su pensamiento crítico?
  • ¿Quieres demostrar a tus profes que Wikipedia es un repositorio fiable de información?
Si como bibliotecaria, docente o estudiante quieres sumarte a la lucha contra la desinformación
Si como bibliotecaria, docente o estudiante quieres sumarte a la lucha contra la desinformación contáctanos a facilita@platoniq.net y te contaremos en qué estamos y cómo puedes ser parte del proyecto SMILES.

Referencias

  1. Anducas-Armengou, Marta & Nadesan, Nadia. (2021). SMILES Baseline Study - Country Report. Fundación Platoniq. [https://smiles.platoniq.net/uploads/decidim/attachment/file/101/Baseline_study_-Country_report_Spain-ES.pdf](https://smiles.platoniq.net/uploads/decidim/attachment/file/101/Baseline_study-_Country_report_Spain-ES.pdf)
  2. Amoedo, Avelino; Kaufmann, Jürg; Moreno, Elsa; Negredo, Samuel & Vara-Miguel, Alfonso. (2021). DIGITALNEWSREPORT.ES 2021: Periodismo de calidad y cercanía para combatir la infodemia. Digital News Report. https://www.digitalnewsreport.es/
  3. DiResta, Renée. (2021, July 21). Institutional Authority Has Vanished. Wikipedia Points to the Answer. The Atlantic. https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2021/07/cdc-should-be-more-like-wikipedia/619469/
  4. Gelado-Marcos, Roberto & Puebla-Martínez, Belén. (2019). Estudio de los factores condicionantes de la desinformación. Laboratorio de periodismo. https://laboratoriodeperiodismo.org/estudio-sobre-la-desinformacion/
  5. Ramon-Vegas, Xavier; Mauri-Ríos, Marcel; & Rodríguez-Martínez, Ruth. (2020). Redes sociales y plataformas de fact-checking contra la desinformación sobre la COVID-19.Hipertext.net, (21), 79-92. https://doi.org/10.31009/hipertext.net.2020.i21.07
  6. Salas Abad, Carlos. (2019). La primera ‘fake news’ de la historia. Historia Y Comunicación Social, 24(2), 411-431. https://doi.org/10.5209/hics.66268
  7. Scolari A., Carlos. (2021). «La guerra de los mundos»: la invasión transmedia. CCCBLab. https://lab.cccb.org/es/la-guerra-de-los-mundos-la-invasion-transmedia/
  8. Soll, Jacob. (2016, December 19). The long and brutal history of fake news. Politico. https://www.politico.eu/article/fake-news-elections-trump-media/
  9. Starmans, Barbara. 10 Examples of Fake News from History. The social historian. https://www.thesocialhistorian.com/fake-news/
  10. Timsit, Annabelle. (2019, February 12). In the age of fake news, here’s how schools are teaching kids to think like fact-checkers. Quartz. https://qz.com/1533747/in-the-age-of-fake-news-heres-how-schools-are-teaching-kids-to-think-like-fact-checkers/
  11. A Brief History of Fake News. CITS. https://www.cits.ucsb.edu/fake-news/brief-history
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